Para dejar huecos en las construcciones (a modo de puertas, ventanas,
recintos techados o, simplemente, por estética) se utilizan arcos, bóvedas y cúpulas, capaces
de soportar el peso del techo, desplazando su peso hacia los pilares que hay a sus lados.
ARCOS
Los arcos están formados por piedras labradas (sillares) que tienen forma de cuña (más
estrechas por debajo que por arriba). No se caen porque cada piedra se sujeta por las dos que
están a su lado. Para empezar a construir el arco es necesario primero colocar un armazón de
madera sobre el que se coloca cada piedra. Cuando todas están en su sitio, se puede quitar el
armazón y las piedras se apoyan unas en otras y no se caen. Los romanos fueron grandes
constructores y podemos ver arcos en muchos de sus edificios, por ejemplo en el Coliseo de
Roma.
Los arcos pueden ser “de medio punto” si forman media circunferencia o “apuntados”,
si es mayor la altura que el ancho. En la época de las catedrales románicas se colocaban arcos
de medio punto y en el gótico, apuntados.
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